Rematriation/ Rematriación

(version en español sigue abajo)

I watch my son wade out into crystalline turquoise waters. The crowd of children and aunties seems to part as he makes his way past schools of small, silver fish. I see him as I’ve seen myself so many times here: alone. Surrounded by people, but alone.
I raise my phone from a distance on the sand, take photos of him. His little, long body against her blue waters and the shadows of a palm. I know he is not alone. I know that like me he steps through amniotic fluid, blue-green waters. Incubated, rematriated as when he floated in my womb, as when I floated in my mother’s.

I pushed them from my womb then transported them to this one to spare them the dismemberment I suffered through. I brought them here, so they more quickly remember their ancestral source. I brought them here to spare them decades of schlepping through suffering to bring about self-discovery, or through endless anxiety towards awakening. These things inevitably must be experienced to some capacity, but ours is an effort to lesson the intensity by ensuring an effort to better connect them to their source.

They know their childhood is unlike others, like my own back in Brooklyn, cradled always in a sea of cousins. We work meticulously to spare them from a dark part of childhood that follows many well into adulthood: the abyss of our forgotten selves. We came here to collectively remember these lost parts. We will travel back and forth across waters to gather roots from each side, cultivate them for our own totality.

We rematriators aren’t born free. We are born into captivity.

Why else would we need to make the political statement that we are returning to our lands, our ancestral ways?
It is because conquest took us away.

The return to the womb isn’t one of social soirees, dinners out with friends, birthday parties filled with children. Ours is a quiet joy to be found in the peace. The womb is a dark place of solitude. Even in the case of multiple births, it is still a silent, meditative space—silent except for the sloshing sound of blood flowing through the beating heart of a mother, pounding like the surf against the shore and back. The sea is the mother. The motherland: the womb, la matriz. Rematriation is a period of incubation, growth, renewal. It is reconnecting with our source. It is a strategy to remember what it is like to be held and connected even while stripped of all. To remember and embody the essence of liberation that conquest forced us to forget.

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REMATRIACION

Observo a mi hijo, caminando por las turquesas aguas cristalinas. El grupo de niñxs y tías que lo rodea parece separarse, alejarse mientras él camina por escuelitas de pequeños peces plateados. Lo veo de la misma forma que me he visto tantas veces: solo. Rodeado, pero solo.

Desde una distancia en la arena, levanto mi teléfono y le saco par de fotos. Su pequeño, pero largo cuerpito contra un fondo de sus azules aguas y la sombra de una palma. Sé que verdaderamente, no está solo. Sé que igual que yo, camina por una fuente de líquidos amnióticos, aguas de un verde azul, incubado, rematriacado. Como cuando él flotaba en mi matriz, como cuando yo flotaba en la de mi madre.

Nacieron de mi matriz y luego los transporté a esta tierra para salvarlos del desmembramiento que yo sufrí. Los traje aquí para que más rápidamente se recuerden de su fuente ancestral. Los traje aquí para evitar décadas de sufrimiento hacia el auto descubrimiento o la interminable ansiedad hacia el despertar. Cosas que verdaderamente hay que experimentar, pero quizás no tanto asegurando un esfuerzo para mejor conectarlos, y no criarlos alejados de sus orígenes.

Saben que su niñez no es como otras. Como la mía en Brooklyn, siempre acunada en un mar de primxs. Trabajamos meticulosamente para evitarles una parte difícil de la niñez, que para muchxs perdura hasta adultos, el abismo en que vivimos en no conectarnos con nosotrxs mismxs ni nuestros origines. Llegamos acá para colectivamente recordarnos de nuestros orígenes, de quienes somos. Viajaremos, p’alante y para atrás, cruzando aguas para colectar raíces de todos lados, cultivándolos hacia nuestra totalidad.

Nosotrxs rematriadxs no nacimos libres. Nacimos cautivos.
¿Por cuál otra razón tenemos que proclamar políticamente que estamos regresando a nuestras tierras, a nuestras tradiciones ancestrales? Es porque la conquista nos alejó a la fuerza.

El regreso a la matriz no es uno de festejo, ni de fiestitas de cumple llenas de niñxs. Nuestra alegría se encuentra en la paz. La matriz es un espacio oscuro de soledad. Hasta cuando hay múltiples crías, sigue siendo un espacio silencioso, meditativo. Silencioso fuera del sonido de la sangre que fluye por el corazón palpitante de una madre, golpea con la fuerza de las olas a la orilla del mar. La mar es la madre. La madre tierra: la matriz. Rematriación es un periodo de incubación, de crecimiento, renovación. Es reconectarnos con la fuente. Es una estrategia para recordar como se siente ser sostenido, conectado, aun habiendo sido despojado de todo. A recordar y encarnar la esencia de la libertad, la libertad que la conquista nos obligó a olvidar.

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